
PUT*S RICOS o ¿Por qué cancelar a Michel Franco? o No siempre me hablan a mí o La discordia
El realizador pop mexicano del 2012 Después de Lucía (2012), Michel Franco, presentó el mes pasado en el Festival de Venecia su largometraje Nuevo Orden (2020), largometraje de ficción que ya fue duramente criticado por un tráiler polémico y por ciertas declaraciones de su director durante la presentación en salas mexicanas. Nuevo Orden es una de las producciones nacionales más grandes de los últimos años, apoyada por el EFICINE, ganadora del León de Plata por la mejor dirección y candidata para representar a México en las nominaciones a Mejor Película Internacional en los Oscar 2021.
En medio de grandes y violentas manifestaciones a lo largo de la Ciudad de México, Marianne y Alan festejan su boda en Jardines del Pedregal, reciben a sus invitados ricachones resguardados por un operativo de seguridad y celebran el inicio de sus nuevas vidas con familiares y amigos. Poco a poco las noticias de la gravedad de las revueltas llegan a los oídos de los invitados. De improvisto un antiguo trabajador de la familia llega para hablar con la mamá de Marianne y pedirle dinero para poder pagar la operación del corazón de su esposa, ella le da una pequeña cantidad. Marianne se da cuenta de su presencia y entre el desinterés de sus papás y su hermano decide ir ella misma al hospital para poder pagar la operación con su tarjeta de crédito. Deja la fiesta de su boda e inmediatamente después una ola de manifestantes irrumpe para pintar, romper, robar y matar. Termina la primera media hora de la película…

La historia se desarrolla de una manera delirante, angustiosa, cuando Marianne decide ayudar a la familia que trabajó para ella años atrás es cuando el péndulo del poder regresa a esas clases “bajas” (porque hay una clase alta, arriba, cerca de “lo bueno”, ¿o no?), “clases indígenas” –cito a los periodistas– (¿alguna vez se reconocieron como indígenas?)– personas pobres, y la violencia explícita comienza a terminar con la vida de sus invitados bien vestidos. Nunca logramos contextualizar plenamente el origen de esas revueltas verdes pero poco importa porque el enojo, la felicidad burlona del mismo delirio y esa muerte brutal no nos son para nada irreconocibles pues son la vida diaria de un país en mitad de la discordia visceral; la esfera metafórica que se construye al instante alrededor de Jardines del Pedregal (-¿Qué pasa allá afuera…? -Nada…) es conocida de sobra para quien habita esta ciudad y no es la que se incrusta en una sola colonia, sino que es el diagrama de la CDMX que se desliza así: Guelatao-Masaryk, Naucalpan-Reforma, Coyoacán-Polanco y que ignora todos sus caminos, sus arquitecturas e impone un toque de queda imaginario para quien camina cualesquiera de esas calles, los cortes del Ángel de la Independencia, la Iglesia de San Juan Bautista, Louis Vuitton y una explanada delegacional llenas de cuerpos, sangre y graffitis no es la representación de cuerpos, sangre y graffitis, no es –como el tráiler quiere hacer ver– el pánico de un escritor encerrado en su torre de marfil viendo el panóptico de la discordia que se avecina, no es, tampoco –y muy a pesar de Gilberto Lozano– el Apocalipsis 2021 que FRENA huele en las hordas de MORENA, no es, por supuesto, lo contrario: la crítica de un hombre blanco a la militarización de un país que luego suma a otro hombre blanco como Krauze y de a gratis se sale de las salas de cine. Cada loco con su saco. ¿Entonces, qué son aquellas crudezas escritas por Michel Franco en épocas del calderonismo, trabajadas durante el sexenio de Peña Nieto, estrenada a mitad de la pandemia bajo la 4T, superpuestas a los advenimientos de una derecha disgregada y una izquierda irreconocible? ¿Qué son las imágenes de una película como Nuevo Orden y más aún, qué representan?

Y el péndulo de la discordia reclama 3 actores principales en esta historia: ustedes los ricos, nosotros los pobres y aquellos militares. El golpe de estado perpetuado por las élites de las élites aprovechando los reclamos de justicia social, de justicia blanca, de pobreza, de perpetuación del status quo, de revoluciones deformantes, todo mezclado así complejiza la línea del mensaje político de Nuevo Orden. Fábula de un futuro inconcebible, testimonio de realidades tristes. El tratamiento de esos 3 actores específicos resulta en una propuesta ambiciosa. Tanto Fernando Cuautle (La rosa de Guadalupe, 2016), como Mónica del Carmen (Año Bisiesto, 2010) y Eligio Meléndez (Sueño en otro idioma, 2017) dejan entrever el hastío y la repulsión sobre sus espaldas, la bondad genuina y la preocupación por la familia, el trabajo duro; Naian González Norvind (Gotham, 2016) y Diego Boneta (Luis Miguel: la serie, 2018-2021) las dos caras de la familia Novello, la gentileza y el cariño y la ignorancia asqueada; Enrique Singer (El señor de los cielos, 2013) y Gustavo Sánchez Parra (Amores perros, 2000) como los militares que maquinan desde la violencia legalizada y que encubren los deshechos del caos que ellos mismos propiciaron.
Michel Franco escribe el argumento de una película que expone varios temas que, en pleno 2020, encuentran una gran controversia y un aparato de crítica –en su mayoría escrito por periodistas– cegado por un entorno político complejo lleno de voces polifónicas y necias –los hijos de twitter– que, a la vez, buscan en el cine ese espejo de la realidad que en sí pocas veces ha podido representar. La desigualdad social, la pobreza, las manifestaciones, la militarización y la lucha de clases (así como si pudiésemos representar la lucha de clases en 88 minutos), el privilegio de los ricos y la balanza del poder constituyen una historia que comenzó a escribirse en el 2014, cuando la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón se encontraba en uno de sus puntos más álgidos. Claro que acudimos a las butacas y nos incomoda lo que observamos en la pantalla ¿dónde se encuentra mi empatía? ¿con Diego Boneta quien pierde casi todo y llora las mismas lágrimas que Mónica del Carmen? ¿fluctúo de una violencia a otra como si una persona valiera más por ser pobre, por ser rica? Michel Franco, dice, habla de personas, no de zombies. Y es cierto, logra concentrar en todos sus personajes un aura de empatía muy singular lejos de las desabridas Después de Lucía y la insufrible Chronic (2015).

Las imágenes que se construyen en Nuevo Orden son de un nivel de violencia extrañamente inconcebible pero que a la vez se ha vuelto tan común en los últimos sexenios. ¿No habían sido ya narrados hasta el hartazgo esos abusos en La libertad del diablo (2017), no habíamos visto ya la crudeza militar y los juegos de poder y tristeza en Heli (2013), no experimentamos, acaso, la comunidad incómoda que guarda silencio, que acecha en la oscuridad y te escupe en la cara y te corta la cabeza gritando “Toda la pinche vida te he aguantado” en Bacurau (2019) o en Navajazo (2015)? ¿A quién le está hablando Nuevo Orden? Cabe la pena puntualizar aquí un par de datos técnicos que clarifican el contexto ya no cinematográfico pero sí ideológico de la película: se está proyectando en 2 mil salas de cine a lo largo del país, salas comerciales con carteleras comerciales fuera de los circuitos de festivales de cine y de cine independiente. La necedad de cierta crítica de ver a la Virgen en una tostada también cancela a una película y a un director con una propuesta rica en problemáticas que nadie está ignorando, enuncia para un público mucho más grande el discurso de la violencia explosiva, no solo para ese reducido grupo de cinéfilos de cineteca y de cineclubes. Además, Michel Franco es productor de Mano de obra (2019) de David Zonana, película de excelente guion que retrata de una manera muy comprometida la vida de un grupo de albañiles de la Ciudad de México. ¿Razones suficientes para dejar de “cancelar” su película?

Gracias a la falta de rigor tuitero cabría, también, hacer un par de anotaciones respecto al concepto de blanquitud en Bolívar Echeverría: primeramente la blanquitud funciona en el espectro social como invisibilización de un sector de la sociedad, no es necesaria una tez blanca para performarla dentro de un sistema-mundo alineado por una violencia sistémica, bien vemos una estética parecida en Sueño en otro idioma, (2017) pero no decimos nada porque los actores principales son morenos ¿o cómo está la cosa? Vale la pena volver a analizar si nuestros criterios de normalidad funcionan o no bajo estas estructuras arcaicas. Vale la pena revisar el modo de producir estas películas y ya no solo el subproducto que entregan para exhibir en las pantallas. ¿Valdría aquí más, por ejemplo, tomar en consideración a Ya no estoy aquí (2019) como un retrato honesto de México solo por acudir a la periferia y ficcionar sobre ella?
El toque de bandera por la banda de guerra cierra una película cruda y hastiada de imágenes alucinantes. ¿Dónde, entonces se incrusta la razón de hacer películas de este tipo y no algo más “light”, para pasar el rato? ¿Cómo la discordia y la discordia vista por el arte podrían tener algún impacto positivo? En el decorado de Nuevo Orden leemos: “60 millones de pobres”, “Put*s ricos” ¿no hemos visto eso rayado en las paredes de 5 de Mayo, en los puentes del Eje Central, en El Caballito de Reforma? Quien haya marchado por las calles de esta ciudad no nos dejará mentir, quien haya sostenido una lata de aerosol tampoco: eso es más real que toda la bola de corrección política que hemos visto en otras películas. Nuevo Orden finaliza y nadie habla, silencio. El truco estaba ahí desde el principio, el nuevo orden no es nuevo, es el mismo disfrazado por la compleja gestión de la violencia en un país sensacionalista, asqueado e hiperviolento, es la instauración del más viejísimo ordenamiento militar que ha fregado este país, a manos de la élite política y empresarial. Sin duda Michel Franco realiza una película comprometida e incómoda, señala con soltura, dirige con precisión y ocupa un espacio poco explorado por las historias del cine mexicano contemporáneo.
